jueves, 17 de marzo de 2011
Efectos de la Globalización, el Consenso de Washington y la II Cumbre América
Efectos de la Globalización, el Consenso de Washington
y la II Cumbre América
Las reformas económicas derivadas del Consenso de Washington, implementadas en los países de América Latina desde la década de los 90, indican hoy un sentimiento de insatisfacción entre la población, y los actores sociales, y se impone la necesidad de la búsqueda una opción que garantice un mayor crecimiento, sustentable y con equidad. La principal razón de esta desilusión reside en que la distribución de los ingresos y las oportunidades han empeorado y al hecho de que existe un significativo potencial de inestabilidad, como lo demuestra las crisis actual.
El ambiente optimista de mediados de los noventa fue favorecido por el consenso existente para preservar el equilibrio macroeconómico, el control de la inflación, la mejora del balance presupuestario y el ahorro fiscal, el crecimiento de las exportaciones y la diversificación de los países de destino, así como las privatizaciones numerosas de las corporaciones públicas, todo bajo los intereses de los gobernantes y empresarios.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, los equilibrios alcanzados se produjeron a costa de otros desequilibrios en variables macroeconómicas o bien descuidando aspectos esenciales para lograr la equidad o la competitividad sistémica como la inversión en capital humano y nuevas tecnologías.
Éstos problemas impulsan la necesidad de mejorar el desempeño económico, sobretodo porque los países de América Latina y el Caribe tienen que enfrentar el desafío y los riesgos de la globalización con determinación, pero también con osadía.
Los caminos recorridos por los países de América Latina para diseñar sus reformas estructurales y políticas económicas han sido diversos, pero, tal y como ha señalado Ffrench-Davis, se han repetido «costosos errores», especialmente en el manejo macroeconómico; en el diseño de las reformas financieras y comerciales, y en la insuficiencia de los esfuerzos para completar mercados. El fundamento de estos errores, está básicamente en la fe extrema del neoliberalismo, en la eficiencia del sector privado tradicional y en la total desconfianza en el sector público, así como en las formas no tradicionales de organización privada. Según el postulado neoliberal, los desequilibrios no existen, salvo en el caso de que sean generados por la intervención estatal.
En este proceso de ajuste, las Instituciones Financieras Internacionales (IFI) juegan un rol fundamental. De hecho, agencias como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio y, en nuestras regiones, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco de Desarrollo Asiático y el Banco de Desarrollo Africano, tienen un doble papel de gran influencia en los procesos políticos locales. Por un lado, un influyente papel económico, promocionando e implementando las políticas neoliberales en los mercados e instituciones económicas, y, por otro, un rol político, ayudando a “disciplinar y alinear” dentro de los estrechos límites establecidos por el Consenso de Washington a gobiernos nacionales que pudieran resistirse.
En este contexto, las instituciones financieras se convirtieron en avenidas críticas para posibilitar el avance de una estructura hegemónica internacional –liderada por fuerzas políticas y económicas globales– sobre el diseño de políticas y agendas domésticas de estados supuestamente soberanos, determinando nuevas formas de subordinación y control. Esta red asimétrica de relaciones sociales, políticas y culturales impidió a los países de la periferia implementar decisiones soberanas en áreas de gobierno cruciales, con la consecuente erosión de sus legitimidades democráticas. Una de las consecuencias más importantes de las políticas del Consenso de Washington ha sido el debilitamiento del Estado, una institución que fue severamente demonizada y atacada, siendo múltiples los esfuerzos realizados para deslegitimarla como actor en el proceso de desarrollo. Pero tal vez más perturbador aun fue la erosión sistemática de un proceso efectivo de generación de políticas así como de sus capacidades para gestionarlas y la relocalización de la toma de decisiones macro-económicas clave en manos de los mercados y de las instituciones financieras internacionales, arriesgando tanto la consolidación democrática como el proceso de desarrollo en el Latinoamérica.
Durante la celebración de la II Cumbre de América realizada en Chile en el año de 1998, los lineamientos trazados por el plan de acción, confirman las anteriores afirmaciones. La preocupación principal fue la “seguridad” de las naciones del continente. Los planes de “seguridad” no son más que medidas de acción contrainsurgente, que por una parte permiten hacer frente a los movimientos sociales que se desarrollan en cada nación de Latinoamérica, y por la otra parte, permiten a Estados Unidos asegurar su dominación sobre dichos países, al ser él, quien dicta las medidas a seguir y las acciones que se llevarán a cabo. Además de ser el gobierno norteamericano quien decide quién es seguro e inseguro.
El neoliberalismo fue desplegado para aumentar la acumulación capitalista, pero más específicamente para controlar a los trabajadores y sus organizaciones. Desregulación, flexibilización y privatización fueron las tres palabras milagrosas del vocabulario neoliberal. La globalización entrañaba una nueva estrategia ideológica para debilitar a los trabajadores y bloquear cualquier alianza de clases.
A partir de los noventa se desarrolló una nueva táctica. La globalización aún significa reducir el tamaño de la clase trabajadora y hacerla competitiva pero se agrega un nuevo e importante componente: incorporar a la ecuación política a la clase trabajadora, invitando a sus partidos políticos a liderar el proceso hacia la globalización. Estos son aparentemente los nuevos roles de los antiguos partidos revolucionarios de las clases trabajadoras, como sucede con el Partido de los Trabajadores de Brasil, el Partido Socialista de Chile, el Partido Justicialista de Argentina y el Frente Amplio uruguayo. Y como se ha podido ver en poco tiempo en México, sucede con el PRD.
En segundo lugar, la globalización financiera y los mercados financieros cumplen un papel estratégico en el desenvolvimiento de las economías emergentes, resultado de las mutaciones del sistema financiero mundial. Por último, el desarrollo del capitalismo y las reformas económicas del Consenso de Washington profundizan la transformación de las estructuras económicas de los gobiernos, que pasan de regímenes autoritarios y regulados a sistemas desregulados, democráticos y de mercado. Sin embargo, la democracia y su significado en el sendero de la reorganización económica, política y social, no ha dado oportunidades a la gran mayoría de la población, que no se ha visto beneficiada de esta rearticulación de los países en el proceso de globalización.
Basto Niquete Gabriela E.
Campos Zaldívar Alejandro
Sosa Bazán Laura
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Faltó hacer un análisis que compare las propuestas de los dos consensos ya que son diferentes pues uno busca subsanar las diferencias del otro, en un comentario final fundamentado lo puedes hacer, complétalo.
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